Me suenan acordes tras la espalda, ¿será que el tecleo de mis largos
dedos no es lo único que marca la melodía en la estancia o, quizás, un ladrón
se haya colado en el interior del hogar? Sí es ésta última, no me andaré por
los trastes.
Habita en cada uno de los sentidos: el tacto de quien toca el instrumento;
el olfato de ese que huele la madera del violonchelo; la vista de los que observan y
admiran la belleza de lo visiblemente invisible; el gusto de aquellos que saben
cómo comer con belleza en el ambiente; y el oído que es lo de menos, ¿verdad,
Beethoven?
Dama que habita los corazones de, incluso, los más trogloditas del
lugar. Capaz de poner en discordia a dos amigos de toda la vida por un mundano
enfrentamiento que va más allá de gustos y colores; pero, por fortuna, la
belleza no conoce límites: nuestra hermosa Dama pone de acuerdo a veintiocho Estados
en pos de un Himno de la Alegría o, también, a un burro, un perro, un gato y un
gallo.
Encuentra el corredor su ritmo en las zancadas, las notas que susurran
su oído bombean sangre al organismo, mientras el corazón se coge unas merecidas
vacaciones.
Hasta la cordura se hace locura en su escucha.
Hermosa tormenta que, al igual que la que nos proporcionan las nubes,
parece imposible que surja de semejante lugar.
Es el lugar DOnde los REcuerdos pierden el MIedo a FAllecer en la
SOLedad de LA memoria SIlenciosa.
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| Fotografía de Vigía |